En otra gravedad

La creación de un objeto que no corresponde a este mundo.

Con esta escultura de formas geométricas sencillas, no busco un disfrute estético complaciente. A través de una estética casi industrial he tratado atrapar la mirada del espectador. Necesitaba un lenguaje más directo, y lo encontré quizás en la incoherencia y en la incorporación de un elemento mecánico simple.

Un juego para sorprenderme a mi mismo

Mi intención fue conseguir una reacción rápida, casi instintiva. Mezclando ingredientes como la nobleza del material, la pureza de la forma, la monumentalidad del bloque y una física deliberadamente errónea, todo este coctail empezaba a captar mi atención. En realidad, nunca me preocupó el "qué dirán". Este juego lo inicié para sorprenderme a mí mismo, para materializar ilusiones que, hasta que no se traducen a la realidad, nos dejan insatisfechos. "En otra gravedad" es un claro ejemplo de ese impulso.

La culpabilidad del "capricho" materializado
El resultado podría parecer un capricho estúpido hecho realidad. Un juguete caro que, una vez materializado, genera cierta sensación de culpabilidad. Es fácil pensar que se ha perdido el respeto al material: al esfuerzo de extraer el travertino de la cantera, a su transporte, al trabajo de "destrozar" un bloque sin que de él surja una Piedad miguelangelesca. Ni siquiera servirá ya para laminarlo y hacer encimeras. El resultado es esta forma casi infantil, un juego de equilibrio imposible. Sin embargo, a pesar de todo, no me arrepiento de haberlo hecho.

La verdar del gesto y la reacción del público

Quizás lo que me motivó a realizar esta escultura son cuestiones que todos llevamos dentro. Sospecho que el público puede sentirse identificado con las sensaciones que despierta este gesto geométrico. Más allá de las transgresiones planteadas, tal vez la obra contenga algo de verdad. Y esa posible verdad quedó plasmada en una fotografía que tomé el día de la inauguración. En ella, un grupo de visitantes observa con expectación la reacción de la escultura mientras una persona interactúa con ella, tratando de balancear el enorme bloque de piedra que, supuestamente, cuelga de una simple bisagra metálica. Todos buscan una explicación a un objeto que, a primera vista, rompe las reglas de la física que damos por sentadas.

Un reto: captar la atención por segundos

Es posible que, tras varios intentos de hacer funcionar el mecanismo, sobrevenga una profunda decepción. Pero, por otro lado, creo que es un logro mayúsculo provocar curiosidad, captar la atención de las personas, aunque sea por unos segundos, en un mundo saturado de miles de millones de objetos creados por el ser humano.

El dialogo con la piedra

El proceso de creación fue tan importante como la idea. Realicé la escultura en quince días durante un simposio en Castelraimondo. Fue una experiencia enriquecedora compartir el espacio de trabajo, la convivencia y el intercambio de conocimientos con otros escultores. El resultado final es un diálogo entre el diseño previo y la realidad de la materia. Las características del bloque de travertino condicionaron el acabado. Según avanzaba en el tallado, iba comprendiendo su naturaleza y asimilando el potencial de las texturas que surgían en cada corte, en cada golpe de martillo, en la marca del puntero al romper la superficie. El acabado final no estaba resuelto en la maqueta; es el producto de quince días de experiencia directa con la piedra.

Soñar la dimensión final

La creación comenzó con un dibujo muy esquemático, una simple corazonada que quise traducir rápidamente al volumen. Trabajando con un pedazo de poliestireno, mi mente ya imaginaba la dimensión final; era necesario soñarla para darle sentido a la obra y mantener la motivación. Saber que esa idea se podía llevar a la práctica era clave para no abandonar el objetivo. Mantener la pureza de la idea primordial, sin distracciones, fue el gran reto.

Un posible fotograma de una animación


Hoy, más de dos décadas después, el resultado sigue sugiriéndome cosas. Veo en ella un mecanismo atemporal que ha perdido el sentido de su utilidad práctica, incluso una forma autónoma con voluntad de movimiento. Como en otras de mis esculturas, la forma está condicionada por la fotografía de un instante. La forma sugiere que ha tenido un pasado y podría tener un futuro en el que su forma sea diferente. Es como un fotograma extraído de una animación, un instante de equilibrio suspendido convertido en piedra. Reconozco que, después de todos estos años, aún me apetece seguir con este juego.

Travertino. 240x90x110cm